Campeones del mundo en el Villa de Madrid de 1978

 Alzó el trofeo tras superar al Rayo en las semifinales y al Atlético en la final

Atlético de Madrid, River Plate, Derby County y Rayo Vallecano disputaron en agosto de 1978 el Trofeo Villa de Madrid (torneo amistoso organizado por el Atlético que se disputaba cada año en el Vicente Calderón). El River de Ángel Labruna formó con sus cinco campeones del mundo del 78 y alzó el trofeo tras superar al Rayo Vallecano en las semifinales y al anfitrión Atleti en la final. Norberto Alonso, Daniel Passarella, Ubaldo Fillol, Leopoldo Luque y Óscar Ortiz, los cinco campeones mundialistas de River, coparon los flashes del Calderón.
 
El triunfo de Argentina en su propio Mundial encandiló a un amante del fútbol de este país como es el presidente del Atlético de Madrid. Don Vicente Calderón intentó, por todos los medios, traer al estadio que lleva su nombre al equipo que más internaciones aportaba a esa Albiceleste dirigida por Menotti. River Plate, que salía de gira por Europa para disputar una serie de amistosos, era el elegido para completar el Villa de Madrid y Calderón lo quería, por supuesto, con su flamante quinteto mundialista. La negociación resultó ardua, pero finalmente se llegó al entendimiento. De esta forma, a principios de julio, se anunció la participación de River junto a Atlético, Rayo y Derby County. Los Millonarios pisaron Madrid (ciudad donde ganaron la Libertadores a Boca Juniors) los días 8, 9 y 10 de agosto de 1978. Poco después de un mes desde que El Gran Capitán Passarella recogiese la Copa del Mundo en el Monumental. El recuerdo seguía bien fresco en la memoria de todos. Sobre todo para Alonso, Passarella, Fillol, Ortiz y Luque, las atracciones del Villa de Madrid.

Los componentes de este plantel gozaron del privilegio de ser dirigidos por Ángel Amadeo Labruna. Angelito, una de las cinco piezas de la delantera de La Máquina, ostenta el récord de máximo realizador histórico del fútbol argentino junto a Arsenio Erico. Marcó 293 goles y ganó nueve campeonatos, convirtiéndose en un icono Millonario. Años después cogió las riendas del club de sus amores en varias ocasiones y en la última de ellas (1975-1981) lo recuperó de uno de sus peores momentos. River cargaba con 18 años sin ganar campeonatos (la última vuelta olímpica se dio en 1957, cuando Labruna aún era jugador) y rompió el gafe conquistando el Metropolitano y el Nacional de 1975. El despertar del gigante dormido. En total, Labruna sumó seis títulos nacionales como DT de River y se quedó con la espina clavada de la Copa Libertadores, a raíz de la final perdida ante el Cruzeiro en 1976. 

 

Labruna, un enfermo de River, se mostraba tal como era: un apasionado de La Banda. Hablaba con sus pupilos del sentimiento hacia estos colores y conocía las inquietudes profesionales y personales de cada uno de ellos para sacarles lo mejor en la cancha. También dejó clara la importancia de seguir al pie de la letra lo de "no vale ganar sin jugar bien". Así, bajo estos pretextos, devolvió al Más Grande al lugar que le corresponde y lo consiguió armando un equipazo ofensivo y solido al mismo tiempo. Fillol, Passarella y Perfumo levantaron una muralla. Mostaza Merlo, JJ López y Beto Alonso conformaron una gran medular, con Alonso como generador, llegador y hombre clave. Por último, Pedro González y El Negro Ortiz ponían el desborde y Luque, el gol. Esta era la base para el Villa de Madrid, torneo para el que Labruna citó a todos sus integrantes, incluidos dos nuevos refuerzos: Horacio Insaurralde, de All Boys, y Jorge Brandoni, de Defensores Belgrano. Ambos estuvieron a prueba durante la gira europea, pero no se les incorporó. 


El único Rayo-River de la historia


El Rayo Vallecano-River Plate de las semifinales del Villa de Madrid ocupa un lugar especial en la historia. Es el único enfrentamiento hasta el momento entre Rayo y River. Dos clubes amigos unidos por la franja, nexo en común que se inició 29 años antes de este encuentro. El Rayo, en la 1949/50, firmó un acuerdo de colaboración con el Atlético de Madrid: este le cedería jugadores a cambio de que añadiese el rojo a su equipación y que dejase de ir todo de blanco como el Real Madrid. Para cumplir lo estipulado, el Rayo cogió como referencia a River y añadió una franja diagonal roja a su camiseta, similar a la de los argentinos. El convenio entre Atleti y Rayo solo duró un año, pero los colores franjirrojos llegaron para quedarse. Ello, como no podía ser de otra forma, unió a River y Rayo, lazos que quedaron asentados en 1953 con motivo de una visita de los argentinos para jugar contra el Real Madrid. Los dirigentes rayistas se acercaron al hotel donde se hospedaba La Banda y les mostraron una foto del plantel franjirrojo. Alguien vestía similar a ellos en España. Los de Núñez, sorprendidos, obsequiaron al Rayo Vallecano con equipaciones de River Plate. La unión hace la franja
 
Este Rayo-River llegó cuando los de Vallecas venían de estrenarse en Primera, con un meritorio décimo puesto (tercero al final de la primera vuelta). A este Rayo, revelación de la 1977/78, se le conoció como Matagigantes por sus heroicas victorias ante los grandes, por lo que el River de los cinco campeones del mundo estaba avisado de lo que era capaz de hacer su 'hermano' español. El equipo de la clase obrera, sin embargo, afrontó este curso con ausencias. Perdió a Felines, Potele y al técnico Héctor Núñez, fichado por el Atlético, quién se llevó al Manzanares al mundialista Antonio Guzmán, primer internacional español del Rayo, y al argentino Palín González, máximo goleador franjirrojo en la anterior temporada. Precisamente, dentro del acuerdo por Guzmán y González se acordó la presencia rayista en el Villa de Madrid. Y en el Rayo-River el Rayo lució la franja y River utilizó su segunda camiseta, a rallas, para evitar confusiones. 

Galería de imágenes del partido.
Paradón de river.

Trifulca en el partido.

Jugada del rayo que acaba en gol.

La final, jugada a las 11 de la noche, anduvo servida de emoción y tensión. Solo faltaron los goles –los penaltis decidieron al campeón– y sobró el juego sucio. Si uno repartía leña, el otro le respondía y Palín González salió mal parado. El de Berisso sufrió una grave lesión. Tibia y peroné. Ya no fue el mismo, estando recién fichado. Leivinha le reemplazó y mostró una baja forma que le impidió exhibir su clase. Además del percance de González, el Atlético también acusó varios puntos: el pegajoso marcaje de Mostaza Merlo a Marcial, que anuló al centrocampista creativo de los locales, y la extraña demarcación de Ratón Ayala, desaprovechado jugando de medio defensivo. El partido, tal y como se desarrolló, propició un marco idóneo para el fútbol de fuerza en detrimento del técnico. Excepción hecha de Beto Alonso, cuyos regates abrieron huecos. En cambio, los extremos Pedro González y El Negro Ortiz se achicaron ante Marcelino y Capón dejando a Luque desasistido ante Pereira y Capón. En la final del Villa de Madrid destacaron Passarella, Leal, Merlo, Marcelino, Alonso y, ante todo, Fillol

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